éxodo

13 de octubre de 2009

La crisis no puede ser la coartada para la violación de derechos laborales de los refugiados e inmigrantes

7 de octubre, Jornada Mundial de Acción por el Trabajo Decente
En la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, CEAR hace un llamamiento para que los responsables políticos y los empresarios no usen la crisis como excusa para recortar los derechos laborales y sociales de refugiados e inmigrantes.
El precio de la crisis económica que atraviesa España lo están pagando sobre todo los trabajadores, sean autóctonos o extranjeros, como denuncian hoy los sindicatos. Y por eso deben ser respetados y protegidos los derechos laborales y sociales de todos los trabajadores, sea cual sea su procedencia, como es propio de un Estado de derecho.
Pero la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) constata diariamente que los trabajadores refugiados e inmigrantes están sufriendo especialmente el recorte de derechos. La crisis económica está siendo la coartada para el endurecimiento de la ley de extranjería, para el aumento de abusos laborales, y para la disminución de fondos para la integración sociolaboral de los trabajadores extranjeros y sus familias.
Así, a la falta de ofertas de empleo en los sectores más ocupados por refugiados e inmigrantes (construcción, hostelería y otras áreas del sector servicios), se suman los aumentos de despidos de trabajadores extranjeros, que se han incorporado más tarde al mercado laboral y tienen un mayor índice de temporalidad, en empleos con poca cualificación y sin que se tenga en cuenta el bagaje formativo y laboral previo. Los trabajadores refugiados e inmigrantes encuentran cada vez más difícil obtener contratos con suficiente duración como para poder renovar las autorizaciones de residencia y trabajo, así como para optar a la regularización por arraigo, lo que ha hecho aumentar el número de personas que se quedan en situación irregular. Por otro lado, aumentan las dificultades para acceder a recursos formativos, fundamentales para una inserción sociolaboral duradera y digna, y se endurece, en el proyecto de la nueva ley de extranjería, su derecho a la reagrupación familiar.
Pero estas situaciones no son consecuencia natural de la crisis, sino que tienen que ver con decisiones políticas que han apostado por restringir derechos y por hacer la vista gorda ante abusos laborales. Decisiones que parecen guiarse bajo la premisa de “los de aquí primero, los de fuera después”, que va calando en los discursos públicos y nos aleja no ya del trabajo decente, sino de la sociedad decente.
Por eso CEAR pide que las únicas respuestas no sean incentivar el retorno a los países de origen de los trabajadores extranjeros, medida irreal en tiempos de crisis global. Ni recortar derechos (o presupuesto para la integración) a determinados ciudadanos según la coyuntura económica, porque eso no es más que discriminación.
CEAR cree que es necesario un cambio en las políticas migratorias, que comience por la ratificación de la Convención de la ONU sobre los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias que el gobierno español ha decidido no firmar. Asimismo, es necesario que en estos tiempos de crisis se flexibilicen los criterios exigidos de cotización a la Seguridad Social para la renovación de las autorizaciones de trabajo y residencia: que se suprima la exigencia de contar con una oferta de trabajo por un año y a jornada completa para el arraigo social, por desproporcionada y por no responder a nuestro mercado de trabajo, caracterizado por la eventualidad. Que la situación administrativa no sea determinante para percibir la prestación por desempleo, de acceder a la formación ocupacional y de inscribirse en los servicios públicos de empleo. O que las administraciones públicas establezcan medidas concretas para prevenir la discriminación de las personas refugiadas, solicitantes de asilo e inmigrantes en el ámbito laboral.
En definitiva, CEAR cree que tomar en serio los derechos exige reforzar sus garantías sobre todo en el caso de los sujetos más vulnerables y aún más cuando se ven particularmente amenazados. Los derechos de los trabajadores inmigrantes y refugiados no son mercancías que entran de rebajas en tiempos de vacas flacas. No es cuestión de caridad o generosidad que se permite el nuevo rico y que desaparece cuando se viene a menos. Son una exigencia de igualdad, de justicia, de respeto a la ley, al Derecho.

9 de abril de 2009

¡Vete! ¡Pero quédate!

Guillermo Pérez FlórezPeriodista y analista político

La crisis económica que se vive en Estados Unidos y Europa ha puesto a los gobiernos, por razones esencialmente electorales, a trabajar en la línea de estimular el retorno de inmigrantes a sus países de origen y desestimular el ingreso de nuevos extranjeros. En una interpretación reduccionista y demagógica éstos quitan los puestos de trabajo a los nacionales (ya que están dispuestos a trabajar más y por menos paga). Un análisis simplista induce a pensar que la solución es sacar inmigrantes, por las buenas o por las malas, para bajar el desempleo.

Lo cierto es que sacar inmigrantes no resuelve la crisis. La inmigración no es causa y ni siquiera tiene una relación indirecta con ella. Este es un enfoque populista que puede servir para conseguir votos, como los ha hecho durante casi dos décadas el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen en Francia, (felizmente jubilado desde septiembre pasado) o el partido liberal de Jorg Haider en Austria (quien en octubre de 2008 pasó a mejor vida), pero que no sirve para más nada. Peor aún. Es pan para hoy y hambre para mañana. La Unión Europea necesita inmigrantes para hacer sostenible la seguridad social, mantener competitividad y frenar el envejecimiento que experimentan varios países, con España a la cabeza. Un estudio de Naciones Unidas en el año 2000 cifró en 158 millones el número de inmigrantes que los quince países que en ese entonces constituían la Unión Europea necesitarían recibir en la primera mitad del siglo XXI para que la proporción entre activos y jubilados se mantuviese en los mismos términos que a finales del siglo XX; esto es, que por cada jubilado haya cuatro trabajadores activos. Las proyecciones indican que para 2025 la relación será de 1 a 2 y para 2050 de 1 a 1.

En otras palabras. La politiquería aconseja echar inmigrantes porque de esta manera los nativos creerán que su gobierno les está protegiendo, pero otra parte, la economía y la demografía les necesitan. El asunto podría resumirse en el aforismo que sirve de título a esta nota: vete, pero quédate. Una contradicción. Para que esto fuese posible los gobiernos deberían favorecer la movilidad, no restringirla, como es la lógica dominante en estos momentos. El plan de Retorno impulsado por el gobierno de España no ha tenido el éxito esperado precisamente porque restringe la movilidad al obligar a los beneficiarios a no regresar a España antes de tres años. En sana lógica, nadie que esté en sus cabales va a renunciar a la posibilidad de optar a la nacionalidad española (al programa sólo pueden acceder los no nacionales) simplemente porque le anticipen el subsidio de desempleo o paro. Entre otras razones porque quién garantiza que al regresar a su país va encontrar empleo. Si existiera libertad de circulación (como la tienen los ya nacionalizados) las cosas serían diferentes. El ideal es que las personas puedan ir y venir, según las circunstancias económicas y laborales.

Esto es algo elemental que se les dificulta entender a los gobiernos europeos, y al parecer no hay poder humano que se los explique. Países expulsores de población (como México, Ecuador, Colombia, República Dominicana, Brasil, Salvador) comienzan a preocuparse porque las remesas de sus emigrantes podrían disminuir sensiblemente este año, según las proyecciones del BID. No obstante, ni expulsores ni receptores trabajan suficientemente para potenciar a los migrantes como agentes de desarrollo económico y social. Para ello sólo es necesario desprenderse de los prejuicios y ponerle creatividad al asunto. Lo primero es que exista libertad de circulación, como lo proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Para España la inmigración de la última década, que elevó la población extranjera a cinco millones y medio, fue una absoluta bendición. Cambió las cuentas de la seguridad social, (sostenibilidad hasta el 2032) frenó el envejecimiento y dinamizó su economía. Estimular la salida de inmigrantes estaría bien sólo si el éxodo es temporal, mientras pasa la crisis. España necesita que los inmigrantes se queden. Perderlos no sería un buen negocio, ni siquiera a corto plazo.

27 de diciembre de 2008

Una nueva ciudadanía. Por el impulso de los Derechos Humanos

Manifiesto

El día 18 de diciembre fue proclamado por Naciones Unidas Día Internacional del Inmigrante. La elección de este día no fue inocente ni gratuita: Se proclamó para significar la importancia de la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de los Migrantes y de sus Familias, el tratado de Naciones Unidas que fija los derechos y las obligaciones de los inmigrantes y la protección de los mismos, en términos de respeto de los derechos humanos.
Hace más de 17 años que se aprobó este Pacto Internacional de Naciones Unidas, pero aún no ha sido acogido ni por la legislación española, ni por la legislación de los países que integran la Unión Europea. Es esta una sombra que debe ser corregida en los próximos pasos de construcción de una política común europea de integración e inmigración. España debe firmar sin dilaciones este pacto internacional.
Este día 18 de diciembre de 2008 nos reunimos aquí en Madrid para celebrar esta efemérides bajo un lema que pretende significar a la vez las necesidades, las expectativas y las tareas de la sociedad en su conjunto y de los y las inmigrantes hacia el futuro: Nueva ciudadanía por el impulso de la democracia y de los derechos.
Y lo hacemos en un contexto de crisis que sólo puede tener una respuesta justa desde la promoción de los derechos sociales, económicos y culturales que garantizan la solidaridad entre las personas y la cohesión de las sociedades.
Sólo cuando la política lidera la economía, sin caer en la mentira del lucro, guiada por la idea de la justicia y del bien común, se combate la crisis sin hipocresía y de verdad.
En este Madrid de hoy no queremos dejar de recordar y de comprometernos con los/as parados, desempleados, con los y las trabajadores en las situaciones más frágiles, con los y las jóvenes y menores enfrentados al deterioro del sistema educativo, con las mujeres doblemente víctimas del sistema ultraliberal y machista que ha dominado el escenario internacional, con los hombres y mujeres que se enfrentan al deterioro de los servicios públicos esenciales o a quienes las restricciones presupuestarias que acompañan a la crisis privan de prestaciones básicas, con las familias sobreendeudadas y sin medios para atender a sus necesidades y responsabilidades hipotecarias o de consumo sostenible, ni de preocuparnos por los graves problemas de injusticia estructural, de inseguridad alimentaria, de deterioro ecológico o de inseguridad humana que ocurren hoy en el planeta.
Hoy, en esta sociedad, cuando se habla de otra celebración importante, la de los treinta años de la promulgación de la Constitución Española, quienes llegamos después de aquel evento, ya sea porque nacimos después de 1960 y no pudimos votarla, o porque hemos nacido tras aquel acontecimiento, o porque vinimos más tarde a incorporarnos desde otras tierras a la nueva sociedad española, reclamamos participación y actoría en la construcción de los nuevos consensos que la sociedad española reclama y precisa para su futuro.

Y no lo reclamamos de cualquier modo, sino mediante el compromiso por el avance y la profundización en la democracia y en los derechos, nuestro verdadero pacto de cohesión social que no necesita otros contratos distintos.
Hoy firmamos en un libro blanco que iremos completando con nuestras preocupaciones, nuestros deseos, compromisos y esperanzas, reclamando la participación, el reconocimiento de nuestro papel ciudadano, el efectivo derecho al voto para las personas que residen por tiempo suficiente en España, vengan de donde vengan, y el avance en España y en el contexto internacional de los derechos fundamentales formalmente proclamados en los textos jurídicos, pero aún pendientes de materialización y extensión universal.
Somos los nuevos ciudadanos, los nuevos vecinos, y desde nuestra cualidad de tales queremos participar en la construcción de esta sociedad no sólo trabajando, no sólo conviviendo, no sólo contribuyendo económica, social o culturalmente a la construcción de la misma, sino también ocupando un espacio justo en sus instancias de participación, para conseguir que los nuevos consensos sociales no dejen fuera a nadie.
Reclamamos nuestra actoría individual y colectiva y por eso pedimos que se remuevan todos los obstáculos para el ejercicio del derecho al sufragio, ya sea los que nos impiden votar por necesidad de tratados bilaterales, ya los que nos dificultan el acceso a la nacionalidad con trabas burocráticas absurdas y que denotan la ineficacia de una administración digna de la “octava” potencia mundial, ya mediante el avance en los derechos políticos y la reforma de la propia Constitución para ello.
Pero también exigimos y queremos contribuir a la construcción material de los derechos proclamados en la Constitución y aún pendientes de desarrollo, como es el efectivo derecho a la cultura y a la educación entendidas como un bien público y no como un negocio, el derecho al trabajo y a la efectiva ocupación, a un salario digno para sostener la propia familia, a la libre elección de la profesión u oficio, el derecho a la vivienda, el derecho a la salud, el derecho a la protección social, económica y jurídica de la familia, a la integración de los menores, a la promoción de condiciones que garanticen el progreso social y económico, a la seguridad social, al medio ambiente adecuado, al consumo sano y adecuado, a la igualdad efectiva y la no discriminación.
Solo construyendo estos derechos se sale de la crisis, de la financiera y económica, pero sobre todo de la social y de la ética, de la que condena a la miseria a las sociedades que no saben apostar por lo mejor de sí mismas. Hoy el día de los inmigrantes es el día de la ciudadanía y de la nueva ciudadanía, donde nos fundimos en un único interés quienes responsablemente queremos una sociedad plural, abierta, justa y democrática con independencia de nuestro origen e ideas.

Juan Carlos Rois

2 de octubre de 2008

Volver

"Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/van marcando mi retorno/son las mismas que alumbraron/ con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor"

Para quien marcha para el exilio es tan dolorosa la partida como el regreso. Al marcharse lo dejó todo: la familia, los amores, las amistades, el paisaje, su trabajo...todo es todo. Llega a un país extraño en el que es recibido o recibida como una extraña. A pulso, con ímpetu y con la Berraquera que le dan las ganas de vivir, se abre camino.
Empieza la construcción de una nueva familia, la adoptiva, quizás tanga la posibilidad de estudiar, trabajar y convertir el entorno que le era ajeno y hostil, en lugar amable y hasta adentrarse tanto que termina amándolo.
Llega la hora de cerrar un ciclo y emprender el regreso. Los sobrinos han crecido, los padres envejecieron, los amigos no son los mismos, la ciudad cambio y el país es otro. Nuevamente una extraña o un extraño en el país que idealizó con la distancia, a fin de cuentas su país, el país donde estan sus orígenes inmediatos, sus muertos, los pasos de su infancia y donde le cortaron el cordón umbilical.
Quien no vive de cerca el exilio, jamas comprenderá que significa, jamás alcanzará la sensibilidad para comprender a quienes finalmente regresan con el deseo de construir, aportar o simplemente vivir sin la agonía o el dolor de la lejanía.
Exilio allá y exilio acá. Quizá un día no exista las fronteras pero seguirán las nostalgias, quizá un día se acaben los exilios. Soñar no cuesta nada

6 de agosto de 2008

Declaración sobre la Directiva de la Unión Europea acerca de la migración

Hermes Dios griego de las fronteras y los viajeros que las cruzan

La Plataforma Social Migratoria Hermes, constituida en Colombia por la sociedad civil para promover la humanización de la migración y comprometidos con la defensa de los derechos humanos de la población emigrante e inmigrante y sus familias, en país de origen y de destino; con respecto a la “Directiva de la Unión Europea relativa a procedimientos y normas comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio”, Manifestamos que:
- La Directiva unifica a Europa en torno a un enfoque de Migración centrado en seguridad nacional, desconociendo que en el centro de la migración está la persona y su familia, y que por lo tanto debe primar un enfoque social y de derechos humanos.

- Desconoce el Marco Normativo Internacional en materia de Derechos Humanos y Migración.

- Aún cuando presenta en su parte argumentativa el terminar con la esclavitud que sufren los extranjeros en su territorio podría, paradójicamente, aumentarla, pues es sabido que las medidas antimigratorias conducen al crecimiento del tráfico humano y otros delitos que victimizan a las personas migrantes.

- Al apartarse visiblemente de la defensa de las libertades individuales y del respeto a los Derechos Humanos, es una medida anti-migratoria, que como hecho cumplido afectará a miles de colombianos y de inmigrantes latinoamericanos en Europa.

- Como lo manifiestan los Defensores del Pueblo de la Región Andina, la entrada en vigencia de la Directiva de la Unión Europea amenaza los derechos y libertades fundamentales de los migrantes.
2 h Hermes Dios griego de las fronteras y los viajeros que las cruzan Plataforma Social Migratoria
Por lo anterior, y considerando que:
- Es una obligación del Estado colombiano proteger a sus nacionales fuera de las fronteras

- Aún cuando la entrada en vigencia de la Directiva aumentará la población de deportados colombianos, el gobierno de Colombia es uno de los pocos de la región que no actuó en forma proactiva durante los 5 años que duró su debate y no se ha pronunciado frente a la misma; por el contrario minimizó su alcance al afirmar que no afectará a los colombianos en Europa.

Instamos al Gobierno Colombiano a:
1. Tomar conciencia de su responsabilidad frente a la defensa y promoción de los Derechos Humanos de los colombianos que se encuentren fuera de las fronteras nacionales.

2. Concientizarse de la necesidad de ejercer una diplomacia migratoria.

3. Promover y liderar un diálogo regional para:
a. Debatir sobre los problemas migratorios comunes y particulares.
b. Debatir sobre las políticas migratorias de países de destino.

4. Pronunciarse frente a las políticas migratorias adoptadas por los países de destino y en particular, la Unión Europea.

5. Crear las sinergias entre países de la región para hacer frente a la entrada en vigencia de la Directiva.

6. Crear, con carácter urgente, una comisión de expertos que se informe sobre la Directiva, su ámbito de aplicación y todas las implicaciones tanto positivas como
3 h Hermes Dios griego de las fronteras y los viajeros que las cruzan Plataforma Social Migratoria
negativas que pueda tener para los colombianos que se encuentran en Europa en situación irregular.

7. Abrir un debate público nacional alrededor de la Directiva dando especial atención a la participación de las organizaciones sociales, sindicales, asociaciones y familias de migrantes, vinculadas con el tema migratorio.

8. Fortalecer con prontitud la acción de las Misiones Consulares para que ofrezcan información, orientación y acompañamiento a los migrantes de Colombia en Europa y en otros países.

9. Crear un sistema informativo permanente, de asesoría y protección, que esté al alcance de los colombianos en el extranjero las 24 horas del día.

10. Exigir a todos los países el pleno respeto de los Derechos humanos en el tratamiento que se le dé a los colombianos que se encuentren en situación irregular.

11. Crear con carácter de urgencia una estrategia para recibir a los colombianos deportados.

Finalmente, instamos a la sociedad civil y a los Gobiernos de América Latina a unificar criterios y posturas en torno al tema migratorio y mejorar su capacidad de interlocución en el diálogo mundial.
Consejo Directivo Bogotá, Colombia, Julio de 2008

2 de junio de 2008

Desde México

Con pesar, denuncio ante la opinión pública el asesinato de mi primo, Andrés Felipe Llano Calvo, en la ciudad de Cartago, Valle, Colombia, el día viernes 16 de mayo, a las 11 de la noche. Andrés Felipe tenía 26 años, era líder comunitario de la fundación 'Amor Cívico Por Cartago' y miembro del partido de oposición Polo Democrático. También había publicado cuentos y poemas alegóricos a su ciudad natal. Trabajaba como empleado en el supermercado Carrefour. A la salida de su trabajo cotidiano fue asesinado por sicarios.
Andrés Felipe había hecho constantes denuncias contra Luís Carlos Restrepo Orozco, congresista y ex alcalde de Cartago. A través de la emisora local Radio Robledo, sostuvo tener pruebas contundentes que vinculaban al congresista Restrepo Orozco con el narcotraficante Hernando Gómez Bustamante, alias 'rasguño' y uno de sus testaferros.

A partir de estas denuncias, empezaron las amenazas de muerte que fueron cumplidas por sicarios el 16 de mayo de 2008. Según el periodista Duber Tabares, entrevistado por El País de Calí: "Andrés Felipe intervino en el noticiero radial después de solicitar una réplica ante las declaraciones que había hecho Luís Carlos Restrepo Orozco días antes en la misma emisora. Estas últimas declaraciones de Llano fueron las más críticas que había hecho en su proceso de denunciar a la clase política de la ciudad".

El asesinato de Andrés Felipe constituye una nueva afrenta a la sociedad colombiana por su carácter de activista cívico y miembro de un partido político de oposición democrática. Las denuncias de Andrés Felipe sobre la relación entre políticos y narcotraficantes demuestran su valor ciudadano y el compromiso con su comunidad, así como la falta de garantías por parte del Estado colombiano para hacer valer los derechos constitucionales a la vida y la libertad de opinión.

Solicito a todos y todas que, en la medida de sus posibilidades, contribuyan a la denuncia nacional e internacional de este crimen, para que no quede en el olvido y se haga justicia.

Atentamente,

Oscar Iván Calvo Isaza

16 de abril de 2008

A propósito de la monografía de exiliados y exiliadas en Madrid 1986-1996

“Hay muchas razones que me motivan para hablar del exilio colombiano en España; pero hay una muy particular que mi vincula directamente con el tema y que para mi es fundamental. Mi vida personal y familiar tiene apartes y casi capítulos enteros, de la historia de persecución y
exilio que han vivido numerosos colombianos por pensar diferente y soñar un mejor mañana para todos.
Desde los 10 años de edad he estado cargando las consecuencias del desarraigo forzoso y la pérdida de seres queridos; junto con mis padres y otros compatriotas un día tuvimos
que salir del país que considerábamos nuestro, porque la vida estaba amenazada y la muerte de muchos de los míos nos auguraba un mañana sin futuro”.

Con estas palabras cargadas de emoción y vivencia, inició Francisco Alejandro Asprilla Calvo*
su monografía presentada en la Facultad de Antropología de la Universidad Nacional de
Colombia en 2000 y dirigida por el Doctor Ubaldo Martínez.

Fue una investigación basada en su propia vivencia y la de su familia, en la cercanía de la
dolorosa experiencia del exilio que hoy transitan colombianos y colombianas en España.
“El exilio es algo curiosamente cautivador sobre lo que pensar, pero terrible de experimentar. Es la grieta imposible de cicatrizar impuesta entre un ser humano y su lugar natal, entre el yo y su verdadero hogar: nunca se puede superar su esencial tristeza.
Y aunque es cierto que la literatura y la historia contienen episodios heroicos, románticos, gloriosos e incluso triunfantes de la vida de un exiliado, todos ellos no son más que esfuerzos encaminados a vencer el agobiante pesar de extrañamiento.
Los logros del exiliado están minados siempre por la pérdida de algo que ha quedado atrás para
siempre”, dice EdWard Said

Asprilla Calvo, profundizar acerca de las condiciones de vida de los exiliados y exiliadas colombianas fue un imperativo para Asprilla quien trabajó en profundidad once entrevistas de vida, sostuvo reuniones con grupos de exiliados que unidos a la observación, su propia
vivencia, su familia numerosa, docuemntales y dos de las entrevistas realizadas por Ofelia Restrepo bajo su autorización, le permitieron en algunos aspectos adentrarse y en otros apuntar en el choque cultural, la visión del otro, las condiciones en calidad de vida, la nacionalidad y la ciudadanía, el desclase de los y las asiladas, las condiciones de su lugar de vivienda, tipos de trabajo a los que acceden, el nivel educativo, las redes familiares, de solidaridad y comunicación, sobre lo que piensan los que no se fueron y el problema de la segunda generación.
La monografía sobre Exiliados y exiliadas colombianas en Madrid 1986-1996, presentó el
contexto sociopolítico de Colombia con un énfasis en el significado de “La guerra sucia” que “ha
dejado en Colombia viudas y huérfanos, ha acabado con la vida de muchos hombres y mujeres
con grandes capacidades, y de gran valía para el país. Ha arrancado parte de una generación
comprometida con el cambio y la justicia social que a tiempo eligieron el camino del exilio y tuvieron que marcharse apresuradamente y dejar tras de si su tierra, su familia, sus amigos ; lo único que se llevaron con ellos fueron sus hijos y compañeros, los miedos, los sueños y los ideales de justicia y libertad que acariciaron y que en el presente siguen construyendo desde la cotidianidad en su nuevo contexto”.

Este trabajo se constituye en un aporte porque para Asprilla Calvo “es necesario pues, recuperar
la historia de los que tuvieron que marcharse al exterior, en este caso a España, conocer su
proceso en el nuevo contexto fuera de lo propio, lo que puede constituirse en una herramienta de
gran ayuda para aportar en los análisis específicos a los que se enfrentan los diversos sectores de la sociedad colombiana.

* F. Alejandro Asprilla Calvo, murió a la edad de 27 años en Madrid, España. Preparaba su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid.
Ver comentarios de la tesis en Documentos de la Red ALma Mater

http://www.migracionescolombianas.edu.co/Documentos/documentos/PUBLICACIONES/RED/exilio.pdf